Cuando te miro, veo un robot

De un tiempo a esta parte he adquirido la desoladora costumbre de sustituir a determinadas personas por robots. No se alarmen, lo hago con la imaginación. Es un ejercicio de futurología sin más fundamentos que las profecías que puedo hacer a partir de lo que ya he visto tras pasar casi cuatro años en Austin, una ciudad innovadora donde la gente se instala para inventar the next big thing, o para dar servicio a los que queman sus barcos tratando de inventar the next big thing. Ahí van mis quinielas sobre quiénes serán sustituidos por máquinas tarde o temprano. 

Robots vs Corbatas

El primer año en Austin contratamos a un asesor para que nos hiciera los impuestos y la contabilidad de la empresa. El segundo año, descubrimos turbotax, que nos hizo los impuestos en solo media hora por la décima parte que nuestro asesor, y también descubrimos gracias a una conferencia de tecnología, la start-up zen payroll, que tramita cada mes las nóminas y las retenciones por una módica suscripción. Robotizar la gestión administrativa de la compañía fue cuestión de minutos, y obviamente nos supuso grandes ahorros en tiempo y dinero. En la práctica, esto nos permitió prescindir casi totalmente de la gestoría y nos evitó tener que contratar auxiliares administrativos. Desde entonces, cada vez que veo a un auxiliar administrativo, no puedo evitar ver a una persona que será sustituida por un software. Recuerdo que en aquellos tiempos en que veíamos el 1,2,3, cuando preguntaban a la gente a qué se dedicaba, la mitad de las veces declaraban ser auxiliares administrativos de ciudades de provincia. Nunca entendí muy bien qué tipo de trabajo era ése, pero viendo concursos televisivos como el 1,2,3, me daba la impresión de que España estaba lleno de auxiliares administrativos. La cosa pinta muy mal para ellos. Pero ojo, que tampoco pinta mucho mejor para trabajos que tradicionalmente exigen más preparación, como el de abogado. Cada vez más contratos estándares y más gestiones legales se van a automatizar, primero las más sencillas, y con cada iteración del software, los bots serán capaces de desarrollar textos legales cada vez más complejos y con más variables, aprovechando su capacidad para comparar toda la jurisprudencia existente sobre cualquier tema en menos de un minuto. Al menos los abogados tienen que litigar y arbitrar y hay una parte de su trabajo que requiere presencia, capacidad de comunicación y empatía, eso hará que subsistan los mejor dotados en estos aspectos, los demás ya son bots en mi imaginación. Para financieros y auditores, el futuro parece mucho más negro, en general todos los que trabajen con hojas de Excel y cuyo trabajo no requiera de empatía y dotes de comunicación, lo van a tener crudo contra un buen bot. En fin, que muchos de los que hoy llevan traje y corbata en el trabajo van a sufrir. De hecho, en Austin ya comprobé que en general son los que peores trabajos los que aún requieren corbata (cajeros de banco, conserjes, dependientes, choferes). Allí se ha consumado totalmente la inversión del look de clase: hoy en día el pobre es gordo y va de traje, y el rico es flaco y va con sandalias.

Robots vs Batas

Vayamos al sector médico, que tampoco se libra de mis visiones de robots usurpadores. Conocí en Austin a un ingeniero holandés que por lo visto era un portento de la tecnología, pues había inventado el procesador de la Playstation y ahora estaba metido en todo tipo de proyectos en los que dirigía a cientos de ingenieros en varios países diferentes. Me contó que en sus oficinas era ya normal ver a personas hablando con robots, enseñándoles a reconocer las emociones que comunican las entonaciones de la voz y los gestos de la cara. Algunos de estos robots estaban siendo diseñados para atender a ancianos en residencias, sin duda una aplicación de la robótica con mucho sentido, dado que cada vez habrá más ancianos, viviendo más años y con menos personas para cuidarles. Estos robots estaban equipados para hacer seguimientos diarios de los ancianos, para recoger sus constantes vitales detectando con una cámara el pulso de su corazón en las vibraciones de la piel de la cara. El prototipo de robot con el que trabajaban, al igual que un Teletubbie, tiene una pantalla en el pecho con el que muestra a los ancianos fotos de sus nietos o de cualquier cosa que le pueda emocionar. El robot analiza las respuestas de los ancianos y es capaz de determinar si están deprimidos, si están perdiendo memoria, etc… En fin, estos robots serán las enfermeras y trabajadores sociales del futuro: soportan a los ancianos las 24 horas, no se cansan nunca de sus manías, no piden aumentos de sueldo ni vacaciones. Obviamente siempre habrá demanda de calorcillo humano, la gente necesita una caricia, más aún los enfermos y convalecientes, pero serán probablemente aquellos que sepan dar la caricia y transmitir el calor los que sigan trabajando, y los demás serán sustituidos por robots. Supongo que también llegarán pronto los robots cirujanos, de pulso infalible, precisión microscópica y siempre en estado de alerta, lo va a tener complicado un cirujano cuya labor es sobre todo técnica, mi sospecha es que solo quedarán aquellos que puedan supervisar a los robots, y que como en el caso de las enfermeras, o de los abogados, aporten su capacidad para el trato humano. 

Robots sobre ruedas

No hace falta ni que hablemos de taxistas o de transportistas, todos hemos visto unos cuantos modelos de coches autónomos en las noticias. Nuestros hijos no conducirán, es más, se preguntarán cómo fuimos nosotros capaces de conducir vehículos a 140 kilómetros por hora, después de un par de vinos, por la noche y en carreteras llenas de conductores en el mismo estado. Ya pueden los taxistas seguir apaleando los car2go y manifestándose contra Uber, su batalla está tan perdida como la de los videoclubes. Más interesante es pensar cómo afectará esa transformación al resto de la industria del automóvil y del transporte, y aquí es donde la cosa pinta muy mal para los concesionarios, los talleres de barrio y las fábricas de coches. Es previsible que vendamos nuestros coches y pasemos a un modelo de suscripción a un servicio de transporte, que nos envíe los coches sólo cuando los necesitemos. Ahora mismo nuestros coches ocupan mucho espacio, nos cuestan mucho dinero y están parados más de un 95% del tiempo. Esto reducirá drásticamente las flotas de coches, con lo cual bajará la producción de vehículos y muchos más obreros irán al paro. El mantenimiento lo harán los dueños de las flotas, de modo que cerrarán muchos talleres. La gente no comprará coches, así que no habrá concesionarios. Los agentes de tráfico y de movilidad iban a tener muy poco trabajo (éstos justo me dan poca pena), los radares y vigilantes del estacionamiento se quedarán sin nada que recaudar -algo que afectará a la administración. Pero el impacto va mucho más allá, uno se pregunta qué pasará con las empresas concesionarias cuyo negocio es explotar peajes para recuperar las inmensas inversiones en construir autopistas. Es previsible que los coches estén todos conectados entre sí y sepan a qué velocidad circular y por qué vías, que estén ocupados por más de una persona que compartan rutas similares, de manera que no haya atascos y el tráfico fluya siempre, por tanto quizás deje de tener tanto sentido el escoger un carril o una autopista de pago para ir más rápido, y en todo caso, eso probablemente será una decisión del software del coche y no del pasajero.  En fin, en esto del transporte por carretera es de esperar una inmensa destrucción de puestos de trabajo. 

Robots domésticos

Hay un concurso de robótica cada año, el DARPA Robotics Challenge, organizado por el ejército americano, que pone a prueba las habilidades de robots humanoides para moverse en entornos diseñados para humanos, con escaleras, puertas, picaportes, etc… Obviamente al ejército le interesa desarrollar robocops y terminators para patrullar en pueblos perdidos de Afganistán donde sus soldados no sean bienvenidos (o próximamente en barrios negros de EEUU). Pero las aplicaciones civiles de este tipo de robots son interesantes de cara a predecir trabajos que serán sustituidos por máquinas. En cuanto tengamos robots económicamente viables que puedan moverse ágilmente por lugares de trabajo y por casas, veremos a mucha gente que hoy se dedica a la limpieza y el mantenimiento en el paro. Me imagino a comunidades de vecinos pagando robots a plazos para que les limpien las casas, flotas de robots limpiadores que uno paga como servicio para su oficina, y luego, los que puedan, un robot para la casa. Por todo esto, no puedo evitar ver un robot cada vez que veo a alguien limpiando un cuarto de baño público. 

¿Pero entonces qué estudiamos?

Así podría tirarme un buen rato, especulando sobre qué empleos serán destruidos en cada sector, no sería un artículo muy original. Hay miles de analistas, consultores y futurólogos serios escribiendo informes sobre esta cuestión bastante más rigurosos que mis cavilaciones. Cabría en todo caso preguntarse qué empleos seguirán existiendo, qué empleos nuevos aparecerán, qué hay que aprender para estos empleos y lo más importante, qué pasará con las inmensas hordas de parados. 
Cada vez que voy a un foro de educación o escucho a algún iluminado hablar de las nuevas aptitudes que deben aprender los niños, siempre sale el tema de la robótica y la programación. La verdad es que tiendo a ser bastante escéptico al respecto, seguro que es bueno aprender sobre estas cosas, pero no creo vaya a ser la panacea. Sospecho que los robots terminaran diseñándose a sí mismos y que será el propio software el que invente nuevo software. Seguro que es bueno tener los rudimentos, para entender las bases fundamentales del diseño de robots y de la arquitectura del software, pero me parece mucho más importante concentrarse en aquellas cosas en que los robots no pueden aún competir con nosotros, aquellas cosas que no quisiéramos jamás que nos hiciera un robot. Por ejemplo cantarnos con gracia los platos del día de un restaurante, convencernos para que hagamos una excepción y nos aticemos un plato de cayos porque un diá es un diá, y empujarnos después a tomar un orujo después del postre.  Para ser un buen camarero se necesita una habilidad para incitar al pecado sin crear culpa de la que un robot carece, y que si algún día adquiere, podremos decir que estamos ante un nuevo tipo de humano. Los robots podrán cocinar, los programaran con algoritmos para generar las mejores combinaciones de sabores y con las recetas más saludables, pero no tendrán ese don de la oportunidad que tienen los grandes cocineros que saben improvisar lo que realmente apetece tal día como hoy después de pasear por el mercado, ni sabrán decorar un plato para que nos seduzca por la vista. Tampoco creo que los robots tengan mucho que hacer en aquellos trabajos donde se necesita cariño, una caricia y el contacto con la piel, es decir, cuidando a niños, haciendo masajes, y supongo que también, en el sector profesional más antiguo del mundo. Las artes parecen un coto exclusivo para los humanos, los robots ya saben pintar y saben componer versos y canciones, pero no son capaces de llegar a las profundidades del alma, y aunque aprendan el algoritmo que hace de una pieza de música algo conmovedor, estaría por ver si son capaces de crear nuevos géneros, y de tener ese momento de sintonía con el público que en el flamenco llamamos duende y jaleamos con un olé. 

Resumiendo, lo que debemos aprender si no queremos ser sustituidos por robots, es a potenciar nuestras habilidades como seres creativos, empáticos y comunicativos. ¿Significa eso que en el mundo que viene solo habrá trabajos de camareros, masajistas, cocineros, artistas y animadores? Sería un mundo maravilloso, pero no significa eso. De lo que se trata, ya sea uno médico, ingeniero o abogado, o bien cocinero, es de adquirir y ejercitar esas cualidades que los robots no tendrán hasta que realmente sientan como humanos, e incorporarlas al día a día de su práctica. Quien se comporte como una máquina, será sustituido por una máquina.   

En todo caso, visto el panorama, parece bastante inevitable pensar que no se podrá emplear a toda la población activa, por mucho que se prepare la gente. Hay quienes teorizan que habrá muchos trabajos nuevos por crear que aún ni imaginamos, yo sinceramente no veo a dónde irán los auxiliares administrativos, los taxistas y los que ya están parados hoy en día durante la transición a las supuestas nuevas formas de empleo. De modo que la gran pregunta seguirá siendo qué hacer con los millones de nuevos y viejos parados que vendrán o que nunca dejarán de serlo. 

Conocí un ingeniero que tenía una empresa de software en San Francisco que me decía que el hombre no se hizo para limpiar cuartos de baño ni para perder su tiempo haciendo la contabilidad de una ferretería, esto abre la imaginación a todo tipo de utopías y distopías ya muy rumiadas por la ciencia-ficción. Desde mundos felices en los que ya no hay que trabajar pero hay un feroz control de la población, hasta sociedades divididas entre guetos de miseria y fortines inexpugnables de ocio y opulencia. Hay que prepararse para gestionar esta transformación total del mercado laboral, y llevarnos al escenario más sostenible, creo que estamos en el momento de soñar un mundo mejor, pero cuando escucho a nuestros políticos, me pregunto si de verdad hemos puesto al mando a personas con capacidad de traernos las leyes y las escuelas que necesitamos para hacer este futuro apetecible.

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