Lecciones de Filosofía en una fiesta de disfraces 

Papá, por favor, mañana te quitas ese bigote,

Hace unos días, estando en una fiesta de disfraces, se me despegaron las suelas de las de botas de tanto bailar. No exagero, me pasó como en aquella canción de Marujita Díaz. Me tocó pues sentarme, y encontré un rincón cómodo en una esquina del salón, en el suelo, cerca de un tipo alto, de mí edad, con la espalda contra la pared y las piernas estiradas sobre el suelo. Empezamos con el preceptivo small talk de salón, resultó ser extranjero: hello, how are you, nice party, no more gin apparently, and you are from… 

Trato siempre de evitar el triste tú a qué te dedicas con el que pedimos a alguien que se defina ante nosotros con las dos o tres palabras que adornarían su nombre en su tarjeta de visita, pero debió de escapárseme esa pregunta en esa fase automática del small talk cuya relevante información uno tiende a olvidar. En cuanto fui capaz de procesar que mi interlocutor hacía vestidos, debieron activarse algunos circuitos neuronales que habían ido desconectándose según rompía mis botas bailando. 

-Pero entonces tú qué haces exactamente… eres un sastre- le pregunté. 

-Más o menos. Sobre todo diseño y superviso la ejecución.-

No me quedó claro, así que empecé a afinar las preguntas. El tipo contestaba ciñéndose de manera muy concreta a cada cosa que preguntaba, sin alargarse y sin darse importancia. Supe así que hacía vestidos a mujeres, algo más de doscientos al año, por encargo siempre y que tenía un atelier. Por el volumen de la producción, comprendí que aquel hombre atento y de tono tranquilo, incluso se ganaba la vida con una profesión a tiempo completo, algo que no siempre es fácil de deducir cuando alguien te cuenta que se dedica a alguna actividad artística, puesto que el mundo está plagado de diletantes y aficionados a todo como quien escribe este post. Hubiera bastado que me dijera que había hecho vestidos para Lady Gaga o para la coronación de una reina, algo de lo que me enteré mucho después, pero como he dicho, mi interlocutor poseía la elegancia de quién no necesita darse importancia ni impresionar a un desconocido, y fue mejor así porque esa información hubiera alterado el curso de la conversación y podría haber desviado mi atención hacia preguntas mucho menos interesantes que las que hice antes de conocer su clientela. Siempre me han interesado mucho los procesos de aquellos que dedican su jornada plenamente a crear cosas que antes no existían, de modo que salté del small talk a un formato casi de entrevista, con la esperanza de aprender algo, de la misma manera que haría con un escritor, un ingeniero o un cocinero. 

Quería saber dónde empezaba un vestido, si lo empezaba en un cuaderno, haciendo un boceto sobre un arquetipo de mujer estilizada, o surgía viendo una tela y pensando algo para esa tela, o al ver un cuadro antiguo, y luego cuando llegaba una clienta adaptaba para ella cualquiera de las ideas que ya había tenido previamente. Es una profesión de la que desconozco todo, por eso me sorprendió cuando me dijo que el proceso no empezaba con un ejercicio de la imaginación visual. Para empezar a imaginar un vestido, me explicó que primero necesitaba extraer las respuestas a tres preguntas muy concretas que jamás formulaba de manera concreta, sino que dejaba que fueran respondiéndose poco a poco durante la conversación. Éstas eran las preguntas:

  1. Qué quieres ser.
  2. Qué puedes ser.
  3. Qué es lo que tu entorno te permitirá ser.

En cuanto tenía las respuestas, ya tenía la información esencial para ponerse a trabajar. Le pregunté si alguna vez había rechazado algún encargo y me contó que solo una vez fue totalmente incapaz de diseñar un vestido a una persona, y fue porque no pudo hacerse con las respuestas a estas tres preguntas. Entendí que la génesis del trabajo de este diseñador era puramente filosófica, partía de una reflexión sobre el ser y los límites del ser, la realidad y el deseo, entorno y circunstancia. Como últimamente ando pensando en crear una serie de ejercicios literarios para enseñar a alumnos a crear personajes, se me ocurrió que estas tres preguntas no sólo funcionaban para el diseño de un vestido, si no que eran igualmente buenas para quien quiera aprender algo sobre cómo construir un personaje para un cuento o un guión. Ahí va el ejercicio que imaginé después de la conversación con aquel hombre, según miraba a la gente que bailaba disfrazada. 

Quien quiera hacer este ejercicio, necesitará un montón de revistas de moda para recortar, o bien, utilice Pinterest para localizar vestidos que funciona bien para esto y es más fácil. 

Piense en un personaje femenino que debe ir a una gran fiesta. Describa bien cuál es el motivo de esa fiesta, y quién es ella en la fiesta: ¿la anfitriona, una invitada de honor, una mera acompañante? Sea quien sea, nuestro personaje o bien ha de hacerse un vestido para la ocasión o es invitada a hacérselo por alguien que le anima a darse ese lujo. 

En una página pegue fotos de vestidos y fotos de personas en el contexto de una fiesta, estas fotos deben explicar cómo le gustaría ser a ella ¿el centro de atención, la bailarina, la del escote más atrevido, la más discreta e invisible?

En una segunda página pegue los vestidos y las fotos de actitudes en fiestas que mejor representen lo que ella realmente tienen la posibilidad de ser.

Divida la tercera página en dos mitades. En una mitad pega fotos que representen lo que el entorno de esa persona no le permitiría ser y en otro, lo que desearía que fueran. 

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