José Tomás en Alicante

A hombros

José Tomás salió por la puerta grande después de cortar tres orejas, corrida memorable, con una cogida de la que ha salido milagrosamente indemne, el toro le agarró entre sus pitones y lo lanzó como un muñeco de trapo sobre su cabeza, él dio una voltereta en el aire, cayó al suelo y se levantó sin siquiera mirarse el cuerpo para ver si estaba herido, siguió toreando en el centro de la plaza como si no hubiera pasado nada, con una frialdad pasmosa. Es un hombre contenido, no exhibe emociones ni mira al público en busca de su aplauso, trata de hacerlo todo elegante, medido, a cámara lenta, hace creer que tiene control de la situación, a pesar de que como hemos visto, en cualquier momento puede volar sobre los pitones. Es distinto a todos en esa serenidad absoluta ante la posibilidad de la muerte, no está claro si la ignora o si la corteja. Nada en él es exagerado, da la impresión de que torea para sí mismo, no para la plaza, actúa como si estuviera solo… Es algo digno de ver, un tipo bailando tranquilamente con una bestia herida, acercándose tan peligrosamente que tiene hasta la cara salpicada de sangre, y así da una tanda de casi una decena de pases. Le he visto torear hace 20 años, entonces parecía verdaderamente que buscaba la muerte más que la gloria, tenia la mirada loca de un suicida, ahora que tiene casi 50 años lo hace con mucho más temple y control, parece que torea más con la mente que con el cuerpo. De las corridas bonitas que he visto.

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