De Borges a Tintín

Mediados de los 90 en la Escuela de Letras. Los alumnos idolatrábamos a los profesores, saber qué leían, qué pensaban que debíamos leer y qué pensaban sobre lo que leíamos era una información ansiada. Alguien le pregunta en clase a Constantino Bértolo qué le parece Borges. Se hace el silencio, Constantino contesta con sorna: <<sus cuentos están bien, pero son como las croquetas, una está muy buena, pero cuando ves una fuente con treinta croquetas te puede dar una indigestión.>>

Tras este comentario de Constantino, decidí que era mejor no perder el tiempo con Borges, y hasta ahora no lo he tocado a pesar de que alguien me regaló hace años por mi boda todos los volúmenes de su obra completa.

Iñaki Uriarte le tiene en gran estima, tanto que llamó a Borges con ese gato del que con tanto cariño y asombro escribe en sus diarios, y como yo le tengo en gran estima a Uriarte he empezado con los cuentos. Los he devorado. Siempre fui muy de croquetas.

Mi primera impresión es que el sexo, el amor, el deseo y la mujer no le interesan nada a Borges como temas literarios, a pesar de que estos temas ocupan un porcentaje muy considerable del pensamiento de la mayoría de los hombres, por tanto, parece que Borges ofrece a la imaginación del hombre la oportunidad de reclamar esa porción de cosas que la voluptuosidad cuando se inflama tiende a ocultar. En cierto modo, me ocurre que a Borges lo saboreo usando las misma papilas que se activan con los cómica de Tintín, ese otro personaje que vive en un mundo de templos olvidados, tesoros hundidos, hampones legendarios, torpes detectives y tierras exóticas donde las mujeres y el deseo del hombre no tienen lugar alguno.

Compruebo que Borges va desparramando miles de referencias para el que se quiera tomar la molestia de seguir el camino de sus migas de pan. Ayer leí El Zahir y entre otras cosas habla de flores. Dice el narrador del cuento que Tennyson dice que si tan solo pudiéramos comprender una flor, comprenderíamos el universo entero. Yo, que llevo un año tratando de entender algo sobre flores, al menos, aprendiendo a encontrarlas y nombrarlas, no he tardado en tirar del hilo. Me puse a buscar y evidentemente se refiere a este poema:

Flower in the crannied wall,

I pluck you out of the crannies,

I hold you here, root and all, in my hand,

Little flower—but if I could understand

What you are, root and all, and all in all,

I should know what God and man is.

Qué gran hallazgo.

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