Carta a un Independentista catalán

Hola. Estarás de acuerdo en que últimamente todos consumimos unas raciones quizás excesivas de artículos, entrevistas y vídeos donde se nos refuerza nuestro analisis de la situación y nuestra indignación ante la conducta del contrario. Nunca hemos tenido todos más razón que ahora. Probablemente ya hayas llegado al punto donde por prudencia prefieres no hablar de este tema con el que no piensa como tú, porque ya no se sabe a dónde puede llegar la discusión, y sólo sabemos con certeza al empezar a hablar que no nos convencerán de nada. Por todo ello, tampoco yo te escribo para convencerte de nada, ni para proponerte nada, te voy a contar como te veo, como me veo a mí en comparación y te voy a hacer unas preguntas para tratar de entender mejor en qué situación nos hallamos. 

Cuando trato de imaginar que sientes, supongo que habrá en ti el emocionante sentimiento de estar formando parte de algo grande, de un momento en la Historia, de estar contribuyendo con tu mera presencia constante, tu resistencia y tu voluntad de sacrificio a construir un mundo más ilusionante para ti y para los tuyos, y para cualquiera que de buena fe quiera unirse a tu lucha. Hay en eso una épica, tú formas parte de un todo que es más grande que tú, no es la hora de los protagonismos, sino de ser uno más, de sumar, de hacer pueblo, de hacer país y de luchar por unos valores en los que crees, por una cultura centenaria que merece la pena conservar, por un mundo más justo y moderno, por la derrota de la corrupción y por muchos otras aspiraciones personales que crees que será más fácil perseguir en un marco que te proporcione mejores posibilidades. 

Te digo que en muchas cosas probablemente estemos de acuerdo, en la mayoría de hecho. También es posible que compartamos ciertas fobias y decepciones, yo jamás voté a Rajoy y me espanta, creo que la república es la forma más justa de gobierno, pero no me quita el sueño tener un Rey: en el fondo me da bastante igual en la medida en que no lo percibo como un problema que afecte a mi vida. Pienso que soy muy diferente a ti en mi relación con los símbolos: no me identifico con ninguna bandera, mis himnos son canciones de rock que no evocan más valores que los de la fiesta, ni más patrias que mi juventud, y no hay símbolo compartido alguno que me pueda hacer ver en mis vecinos a los compañeros de viaje de un destino común. En mi vida no hay más fuente de sentimiento épico que la realización de proyectos puramente personales. Por todo esto, lo único que le pido a mi país es buen tiempo, bonitos paisajes, buena comida, unas reglas claras que me garanticen la libertad de ser lo que he elegido ser, y los recursos necesarios para protegerme de aquellos que quieran restringir esa libertad. 

Los dos sabemos que la independencia es traumática, como toda separación. Ambos lados pierden, y deben de hacer el cálculo de si les compensa pagar el precio de no seguir compartiendo la casa común. Yo tengo claro que me compensa seguir soportando la manera molesta en que a los españoles nos pintan ante el mundo los voceros de la independencia catalanes, y particularmente a los madrileños -me identifico bien poco con el retrato. En todo caso, a los de la capital siempre nos ponen verdes en todos los países del mundo, lo tengo asumido. Es muy alto el precio que hay que pagar para que me dejen de pintar de una manera en que no me gusta verme ni que me vean: la pérdida de una gran masa de población muy formada y con mucho talento, la pérdida de un 20% del PIB de nuestro país y de una parte sustancial de nuestras exportaciones, lo cual nos abocaría a una larga crisis quizás peor de la que acabamos de vivir, y la triste pérdida de mis derechos como ciudadano en lugares tan bellos como el Ampurdá o Barcelona. Además sé que por mucho que pagáramos todo esto, los insultos no cesarán, el odio mutuo es enorme ya en los sectores más radicalizados, y lo sería más después del trauma de la separación cuando hubiera que escribir el relato que justifique lo que pasó. Por tanto, a mí no me compensa la independencia, aunque cada vez más españoles hastiados están por la labor.

Que los españoles suframos toda esta ruina que supone la independencia, supongo que no es para ti un problema lo suficientemente grande como para parar todo esto. También supongo que habrás pensado en las consecuencias que la independencia tendrá para ti, estarás harto de escuchar que entre aranceles y boicots, Cataluña perdería su principal mercado, que no se sabría qué pasaría con los depósitos bancarios, que el nuevo país estaría en la ruina, sin moneda y fuera de la UE, que varios países de la UE harían todo lo posible por hacer fracasar a la nueva república para que no cundiera el ejemplo en otras regiones de Europa. También podrás suponer que la sociedad del nuevo país estaría dividida entre los que salieron derrotados en el referendum de independencia, y los vencedores, y cabe pensar que se podrían invertir los papeles y se radicalizara extraordinariamente la parte de la población catalana que ahora está callada y espantada. Y lo que es seguro es que España, que también tiene su orgullo y su nacionalismo, se convertiría en un enemigo implacable y un mal vecino durante varias generaciones. 

Siendo todo esto el desenlace probable, te confieso que me es imposible comprender los incentivos que la independencia te ofrece para que te compense pasar por todo ello. Me imagino muy bien todas las maneras en que tu vida podría ir a peor, pero me pregunto seriamente en qué manera podría cambiar tu vida a mejor. Joan Tardá dijo recientemente que lo hacían para romper con la corrupción que representa España, pero en el fondo sabemos que eso no puede ser así, porque existe el mismo nivel de corrupción en la empresa y la política catalana, y porque los corruptos han encontrado cobijo en el independentismo y cabe sospechar que después de la independencia esa corrupción seguiría allí implantada con más impunidad que nunca, pues muchos de los que han expoliado Cataluña son los que menos problemas de dinero tendrían y los que con más facilidad podrían adueñarse de las gangas que aparecieran en nuevo país con una clase media estrangulada tras un previsible colapso de la economía. ¿De verdad te parece que no podemos hacer frente a la corrupción todos juntos? A nosotros nos repugna lo mismo que a cualquiera. 

Oigo muchos gritos de ¡libertad!, y sinceramente, quiero entender este anhelo. Me gustaría saber en qué manera sois menos libres que todos los demás que vivimos en España, ¿de qué libertades de las que nosotros disfrutamos carecéis vosotros? Y si es que el déficit de libertad es igual para todos, decidme entonces qué es lo que me estoy perdiendo y debería reclamar, y explicadme por qué no podemos reclamarlo juntos, porque a mí me gusta mucho la libertad y entiendo que cuantos más la pidamos, más fácil es obtenerla. ¿O acaso es que a los españoles nos gusta menos la libertad que a los catalanes? 

¿Qué has querido decir, chillar o escribir que no hayas podido decir, chillar o escribir? Por tu libertad de expresión seguro que no emprendes este camino, porque aunque no hable catalán, me basta asomarme a las páginas del Punt Avui, TV3 o el Ara para comprobar que se puede decir cualquier cosa, verdadera o falsa, y también me parece que si el respeto a la libertad de expresión fuera parte de la lucha del independentismo, los que desde dentro de Cataluña discrepan tendrían más voz y menos miedo a hablar abiertamente sin ser acallados al grito de fascistas. 

Por último quisiera saber, qué es lo que quisierais ser o hacer con tu vida, que la pertenencia a España te haga imposible. No será hablar, escribir o vivir en catalán. Está finalmente el tema de la selección catalana, pero me cuesta creer que el coste de la independencia se compense viendo a unos tipos jugando la Copa del Mundo vestidos con una estelada, y me cuesta creer que ninguno de los dos podamos ganar por separado tanto como hemos ganado juntos. 

Que empiece pues la conversación. 

 

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4 Comments

  1. Yo me he hecho las mismas preguntas, y después de darle muchas vueltas creo que puede haber gente más o menos desinformada por años de manipulación educativa e informativa, pero en realidad las ansias independentistas responden en realidad a motivos poco confesables que tienen que ver con no contribuir a la solidaridad con regiones más pobres de nuestro país. El resumen es quieren despiezar el cerdo y se han pedido el jamón.

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