A Roque, seis años después

Tiene mi sombra un ojal

de donde cuelga prendida

tu ausencia como un puñal

que empieza a olvidar su herida.

Por eso pido a esta noche,

que me eche mi sombra encima,

y que el punzón de su broche

llegue al fondo de mi sima,

que por fin se clave a un suelo

y me libre del temor,

a perder el mal consuelo

de encontrarte en el dolor.

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