Reseñas de garitos que ya no existen


Ha venido un magnate indio de Hong Kong, ha comprado el edificio de Jacometrezo en que estaba el Berlín (ahora ya le dicen “el antiguo Berlín” porque hay uno nuevo) y han chapado el Oba Oba. Así, sin preguntarnos a nadie. Y por más que busco no hay nuevo Oba Oba. Se va al cementerio de garitos míticos, como el Calentito, que estaba en frente, o el Torito en la calle Pelayo. Recupero la reseña que le hice en 2009 para el 11840

Dice Lemmy Kilmister del verano de 1971 lo mismo que podría decir yo de cualquier noche en el Oba Oba: “That was a great time, the summer of ’71 – I can’t remember it, but I’ll never forget it!”.

El Oba Oba es una absoluta incógnita. Como regla, no se debe ir antes de las tres de la madrugada. Puede estar abarrotado de una masa multirracial de entre 18 y 60 años, dislocándose las caderas y sufriendo el castigo severo de su infernal caipiriña, o puede estar totalmente vacío y decadente. A las 3:30 hay casi siempre un concierto de Bossa, Samba o Rock Brasileiro. De los pocos sitios de Madrid donde hay música en vivo a esas horas.

Que nadie se deje intimidar por el ambiente lumpen-favelario de la puerta, ni por el hecho de que sea un sótano sin ventanas ni escapatoria alguna. El ambiente, por lo general, es buenrrollista y de gran bailoteo. Para mí, sin duda, el after más divertido de Madrid junto con el mítico Toni2.

Atención: No he visto resacas más criminales ni potas más extrañas que las provocadas por los destilados de este lugar. Siempre cerveza.

En Lekeitio, hubo un par de veranos un chiringuito mítico de música Brasileña, donde no ponían al pesado de Mikel Laboa ni a Kortatu. Por supuesto, duró poco. También le hice una reseña en 2009:

En la comarca de Lea-Artibai abundan los bares anodinos de chiquiteo y gilda para cuadrillas etílicas, los tugurios radikales con hucha para presos pegada con cinta de embalar al grifo de cerveza, antros donde aún se escucha a Iron Maiden, en fin… una escena de mucha pereza para el copeo tranquilo, buenrrollista y bien ambientado. Si bien, las copas están buenas en cualquier sitio, falla todo lo demás.

Sin embargo, hace unos años, Andoni abrió un chiringuito de madera, pintado de colorines, que prometía traer a esta comarca tan necesitada de la energía y los ritmos tropicales, un bocadito genuino de esas tierras tan alegres. El local es enano, de una sencillez absoluta, está pegado contra la pared de la ermita de San Juan, sobre el rompeolas de Lekeitio. Nunca se pecó tanto y tan placenteramente a esta distancia de una Iglesia.

Todo al aire libre, con inmejorables vistas a la isla de San Nicolás y el faro de Santa Catalina. La gente se atiza mágicas caipiriñas sin freno alguno, a veces hay conciertos, el único techo que hay es el cielo, suena buena bossa nova, murna, samba, son… Uno pensaría que está en Formentera, en Morro de Sao Paulo o en Sidi Mugait, y sí, está en todos esos sitios y además está probablemente en el mejor cutre-chiringuito de la costa vasca. 

Consultar fechas. Andoni se pira a recorrer los trópicos la mitad del año, y desmonta el lugar en invierno. Qué día abre y qué día cierra es un misterio para mí. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s