Nueve años

para Rita

Se desplomó hace un mes,
inapelablemente,
como cae el rayo sobre un árbol,
incomprensiblemente,
como cae el rayo sobre este árbol
y no sobre el árbol de al lado.

Era el hermano pequeño de una amiga,
que hoy se despierta
bajo esa cosa enorme que no se va
esa cosa (cómo explicarlo),
bajo la que despertaba yo
tal día como hoy
hace nueve años.

Es desde esta lejana estación,
amiga, donde trato de enviarte
bitácoras, alforjas, hojas de ruta,
algo que te puede ser útil,
ahora que empiezas tu viaje
y te cuesta ponerte en pie.

Te dirán que es una herida,
que el tiempo es agente cicatrizador,
y yo añado, sin remilgos,
que es una herida, sí,
pero si tuviste la fortuna
de querer a tu hermano
como se puede querer a un hermano,
es la herida de una amputación.

Como los que pierden un miembro
tratarás de levantarte
apoyándote sobre aquello que has perdido
y te caerás al suelo muchas veces,
pero amiga,
con el tiempo,
uno se hace su pierna postiza,
y aprende a andar de nuevo,
incluso a bailar si se empeña.

Y aunque desnudos en la noche,
en la oscuridad de nuestra cama,
volvemos siempre a sentirnos incompletos,
queda siempre el consuelo,
de que si perdiste una parte de ti,
es porque supiste entregar
una parte de ti,
pues créeme, amiga
que uno a uno,
todos van perdiendo sus hermanos,
pero ninguno pierde tanto,
como el que no los quiso
como a sus piernas,
como a sus manos.

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